Vivir es comunicarse

 

Tomamos conciencia de nuestra identidad de seres sociales cuando descubrimos que vivir es relacionarse, crear vínculos, apostar por la cultura del encuentro, dar primacía al diálogo. Cuantos silencios impuestos son causa de ruptura y rechazo, síntoma de desconfianza, prueba de cobardía. Sin embargo, de forma positiva, cuanto silencio buscado es vehículo de relación, gozo el alma, inicio de diálogo, fuente de oración.

Todo medio de comunicación goza de autenticidad si es esto, un medio. Lejos de convertirse en algo absoluto, busca con humildad la relación humana y la facilita por razón de su transparencia. La mentira, como falsedad premeditada, viene cuando el medio tergiversa el fin por el cual ha sido hecho y otros intereses envenenan su búsqueda. Nunca un medio es obstáculo ni es autoreferencial, si lo fuera, dejaría de ser medio y perdería la propia vocación de señalar y orientar hacia la verdad.

Si vivir es comunicarse, tenemos a nuestro alcance todas las posibilidades de entrar en diálogo con quienes se han propuesto caminar hacia una misma meta, aunque sea por senderos distintos. Incluso cuando hay que asumir el conflicto, la tarea más importante es empezar por uno mismo, aceptándolo y transformándolo en motivo de crecimiento. La comunicación no olvida ni destruye las diferencias, más bien las acoge e integra. De ahí que toda auténtica comunicación sea el camino humanizador que conduce al verdadero encuentro humano y, en él porque la contiene, a su dimensión trascendente, verdadero fin al que se quiere llegar.

Cuando la comunicación se orienta hacia el fin de hacer presente la persona de Jesús y que su mensaje llegue al corazón, entonces el medio se convierte en testigo creíble, eso sí, nunca desde el poder que impone, sino des de la verdad que se propone con humildad. El medio de comunicación es, en consecuencia, un transmisor de la verdad que facilita que el otro la reciba con toda confianza y sea, a la vez, contagio y centro de atracción para los demás con los que se encuentra.  

Cuando se llega a este punto, acontece que se han establecido muchos vínculos humanos y espirituales entre el medio que comunica y los destinatarios que también se han interrelacionado. Así se llega a la comunidad que se distingue por su unidad en la diversidad y por los lazos de fraternidad que se han creado. Por ello, la comunicación se hace proclamación y la relación humana, celebración y fiesta.

¿Acaso no es éste el núcleo fundamental de la transmisión de la fe y que tiene su origen en el arte de comunicar? Pienso en la infinidad de oportunidades que tenemos cada vez que nos comunicamos, desde los medios, desde nuestras conversaciones, artículos, celebraciones, homilías, catequesis, estudios de Evangelio, desde cualquier situación humana en la que entramos en contacto y se dialoga.

Ahí puede aparecer Dios, que es la máxima fuente de comunicación; ahí entra en la dinámica dialogal Jesucristo, que nos ha puesto en comunicación con el Padre; ahí está el Espíritu Santo, que nos ayudará a recordarlo todo y hacerlo realidad en la vida… Los medios se han multiplicado hacia el infinito y nos han conducido desde el vivir de cada día al gozo de la Vida para siempre.